SEMANARIO BITACORA - 26 DE ABRIL DE 2001 Escuela laica y democracia Por Carmen Tornaría (*) La escuela pública y laica no es neutral. No es neutral en su convocatoria, ésta es plural. Al abrirle sus puertas a todos y a todas eligió no seleccionar al alumnado. Los convoca a todos sin distinción de sexo, credo o etnia. Los convoca a todos no por una actitud de neutralidad o de no me importa sino porque en esa convocatoria se conjugan valores. El valor de la equidad, el de la igualdad de oportunidades, el valor del respeto por los diferentes y el valor de esencialidad para la vida democrática de que estos valores no queden solamente en el plano declarativo sino en el práctico. Aprender, crecer en contacto directo con las diferencias sin temores ni pánicos de ninguna especie, no para homogeneizarlas sino para respetarlas. La escuela laica no es neutral tampoco en las herramientas didácticas. Elige la razón como herramienta fundamental de conocimiento en el proceso de enseñanza-aprendizaje. La escuela laica es racional. Hay quienes se alarman porque la escuela laica tenga como motor la razón. Los valores de equidad e igualdad de oportunidades están también detrás de esta opción por la razón. La capacidad de razonar y el ejercicio de la inteligencia como capacidad de resolver problemas recurriendo a ella, está distribuida democráticamente entre los seres humanos. Es tan esencial que es condición exclusiva de los seres humanos. Si en la educación uruguaya de los niños y niñas no utilizáramos la razón como herramienta explicativa de las cosas, los niños, y los educadores y la sociedad tendríamos graves problemas. Poco a poco vamos aprendiendo a descubrir, a manejar y a aplicar los fundamentos y las leyes del mundo en el que vivimos. Es bastante frecuente, nos enseñaba un docente francés de didáctica de las ciencias, que en el preescolar, al experimentar con el agua, los pequeños observan la "desaparición" del agua en una caldera al hervir, como un acto de encantamiento; lo mismo frente a un cubo de hielo. A cada uno se los convocó, nos relataba, a que les lavaran los cabellos a sus muñecos. Luego, a que secaran con secador el cabello de sus muñecos. Ante la pregunta de donde está el agua que antes mojaba esos cabellos, lo más común fue que la buscaran dentro de la cabeza de los muñecos. No es sino a través de explicaciones racionales que los docentes vamos enseñando cosas como, por ejemplo, qué pasó con el agua de la caldera, de la cubetera o de los cabellos. La racionalidad no impide la comprensión ni la participación en el mundo de las creencias. Solo los fundamentalistas pueden temerle a la razón como instrumento de la educación. En el mundo conviven millones de seres que desde la razón no temen al mundo de las creencias y participan activamente en él. La razón no excluye la fe religiosa. La escuela laica tampoco. No es neutral, elige no educar en la fe, no es confesional. La educación confesional elige educar en la fe pero, por lo menos en nuestro país, no puede excluir la razón como herramienta pedagógica. La educación laica no es neutral, elige no educar en la fe y en el dogma. La fe y los dogmas no están ausentes de la escuela laica, se estudian; simplemente, no existe como objetivo educar en la fe ni reclutar acólitos, sino formar ciudadanos. La educación confesional tiene como objetivo formar ciudadanos creyentes. En el Uruguay unas escuelas y otras tienen cabida. Alguien puede decir que un niño o niña que desea ser educado en la fe tiene que pagar. Si quiere educarse en la fe en un colegio confesional, tiene que pagar, pero puede educarse en la fe gratuitamente en los centros religiosos vinculados a los diferentes cultos que en Uruguay existen garantizados por la libertad religiosa. Valores de vida se aprenden en la escuela laica y en la escuela confesional. Muchos de los valores de vida coinciden en uno y otro espacio. Algunos son exclusivos de uno u otro espacio y en algunos casos pueden llegar a contradecirse. Tomemos el caso del divorcio. En la escuela laica el divorcio es una posibilidad legal; en la escuela confesional es una posibilidad legal pero también es un pecado. Es bien sabido que esa posibilidad legal el estado laico uruguayo la ofrece para todos sus ciudadanos, para los creyentes y para los no creyentes. Y es bien sabido que hay creyentes que se divorcian y hay no creyentes que no lo hacen. La posibilidad legal no obliga, pero el dogma sí. Es por ello, que en un Estado confesional, católico por ejemplo, el divorcio no existe como posibilidad legal para nadie. En ambos espacios se estudia la ley de divorcio. En un espacio esta ley ofrece una posibilidad legal que no tiene valoración condenatoria y en otro sí. Tomemos otro ejemplo, el del aborto. En este caso hay coincidencia actualmente en Uruguay en cuanto a valoración condenatoria. Para la ley uruguaya es un delito que llama aborto y para los creyentes no sólo es un delito sino un pecado grave. La ley habla del delito de aborto, la Iglesia de asesinato. Sabemos que violan la ley creyentes y no creyentes. Los creyentes además de violar la ley, pecan. Sabemos, también, que en ninguno de los dos espacios educativos se promueve como valor de vida el abortar o el divorciarse. La diferencia tiene que ver con el abordaje pedagógico de este tema. Los dioses, las iglesias, los cultos no están ausentes en el espacio laico educativo, se estudian y se discuten. En los espacios educativos confesionales también están presentes, pero se privilegia la adhesión a alguno de ellos, y no a los demás. Educar en la fe religiosa es una opción fundamental de un colegio confesional; no lo es en el espacio educativo laico. Sabemos que los creyentes no son producto exclusivo de colegios confesionales y sabemos que los no creyentes tampoco son producto exclusivo de la educación laica. La aceptación del dogma es esencial en el espacio educativo confesional; la aceptación de los dogmas, cualquier dogma, es ajena al espacio laico. Los niños y las niñas para la ley uruguaya no pertenecen a sus padres, tampoco al Estado. En una sociedad democrática, los seres humanos son considerados únicos y libres, se pertenecen a sí mismos. La ley uruguaya entrega a los padres la patria potestad temporariamente hasta que ese ser humano pueda hacerse cargo por sí mismo del manejo de sus derechos y obligaciones ciudadanas. Pero el ejercicio de la patria potestad es regulado también por la ley en un estado democrático y los padres pueden perderlo si justamente, por creer que les pertenecen, abusan de diversas formas en su relacionamiento con sus hijos. La escuela laica con su pluralismo esencial protege a los niños de la "prepotencia amorosa" de sus padres. No me estoy refiriendo a ninguna asignatura, me estoy refiriendo al espacio mismo de encuentro entre diferentes. Los valores de la autonomía personal y de la libertad y responsabilidad individual se van cultivando en la escuela laica como elementos básicos de la vida democrática. En mi hogar paterno no se admitían objetos colorados. Fue en la escuela laica en donde empecé a sospechar que la condición de blanco no era la única posible y sobre todo comprobé que los hijos de los colorados no eran mala gente. Lo comprendí antes de estudiar los partidos políticos y el sistema electoral. Lo comprendí en la vivencia cotidiana con hijos de padres de otros partidos. Antes de estudiar religiones también comprendí que no todos mis compañeros tomaban la comunión ni festejaban el nuevo año en la misma fecha. Eran distintos pero eran amigos; aprendí que no eran enemigos y nunca me sentí amenazada por ellos ni sentí que mis creencias se debilitaban por la presencia de las de ellos. Todavía me acuerdo de la insistencia de un compañero cuando estudiando religiones la maestra nos explicaba que Jesús era hebreo y él le preguntaba si estaba segura de lo que estaba diciendo. Marianita seguramente sufrió en los 70' cuando los vecinos le caceroleaban en la puerta de la casa en donde vivía, pero en la escuela del barrio nunca tuvo miedo ni se sintió tratada de distinta manera por ser nieta de un coronel. Si los padres nos juntáramos para formar escuelas según nuestras ideas o creencias particulares o profesiones tendríamos escuelas de blancos, de colorados, de frenteamplistas, de nuevoespacistas, de católicos, de protestantes, de umbandistas, de militares, de médicos: estaríamos "tribalizando" la sociedad uruguaya e intentando clonar a nuestros hijos. La laicidad del Estado uruguayo y la escuela laica constituyen, a mi criterio, no una amenaza sino una garantía, el escenario ideal para el desarrollo democrático. Contribuyen a que los dogmas no generen fundamentalismos y a que los fundamentalistas de cualquier especie no puedan, aunque lo intenten, usar a los niños amparados detrás de la bandera de la libertad de elección. (*) Profesora y directora del Codicen ____________________________ Laicidad y valores, un debate en pañales Entre la justicia y la eficiencia Por Rafael Sanseviero rafaels@montevideo.com.uy El Presidente Batlle tiró el pucho prendido: "El laicismo nos ha llevado a decir lo que el laicismo no quiere decir. Los valores éticos, los valores morales deben estar en la base de la enseñanza de los seres humanos." Y el fuego cundió. Su reiterada denuncia acerca del decaimiento de los "valores" en nuestra sociedad, seguida, en esta ocasión, por una directa convocatoria a actuar desde el sistema educativo para enfrentarlo, a punto de partida de una revisión crítica del concepto de laicidad vigente, fue el principio de una polémica que sigue produciendo ecos y manifestaciones. El contenido, y encono, de las réplicas, denuncian algo que, seguramente, no estaba en el libreto presidencial: que el carácter laico del estado, y en consecuencia de la educación que el mismo imparte, no unifica, sino que divide a la sociedad. Por lo menos a una parte significativa de la sociedad: la que tiene voz. Aunque no hubiera otro resultado que visibilizar esta falta de consenso, la apertura del tema por parte del Dr. Batlle ya estaría justificada. Ahora hay que dar el paso más importante: después de los preámbulos, formular las propuestas: ¿de qué valores se trata? ¿Qué herencia nos invitan a repudiar? También le correspondió al Poder Ejecutivo disparar una de las líneas maestras de la polémica: transferir los créditos para la formación de valores a la educación de base religiosa, confesional y, consecuentemente, cuestionar el concepto de laicidad que excluye tal educación de la aulas: "El ministro hizo ayer un planteo muy concreto, apuntando a remover la concepción (...) en que la laicidad es una limitante para poder avanzar en el desarrollo de una propuesta educativa que afronte los temas de valores con mayor profundidad", informó el subsecretario de Educación José Carlos Cardozo; y el propio Ministro Mercader ilumina: "Varela ... aportó una de las mejores soluciones - que los locales escolares estarían disponibles para la enseñanza religiosa fuera de los horarios de clase y que se debían desarrollar "principios religiosos comunes a todas las creencias" . En ésta lógica, la denunciada migración de los valores en la cultura juvenil, es directamente proporcional al éxito del programa de educación laica; gratuita y obligatoria. Hasta ahora le ha correspondido a las autoridades de la ANEP enfrentar esta línea de pensamiento: "La escuela laica, obligatoria y gratuita promueve la construcción de ciudadanía democrática. No... sólo como cuestión filosófica sino como cuestión pragmática. La escuela que no selecciona a su alumnado, que abre sus puertas a todos sin distinción de etnia, sexo, nacionalidad, creencia religiosa, situación social, política o económica de los padres, constituye el espacio ideal para la construcción de ciudadanía democrática, porque nos enseña desde pequeños que los diferentes podemos convivir juntos... La calificación, la bandera, el cariño o la atención de la maestra, no tienen que ver con nuestro color de piel ni con la medallita o estrella que llevemos en nuestro cuello o en nuestro corazón, sino con nuestro esfuerzo y talento." "¿Es posible pensar que construimos ciudadanos, cultura y sociedad y no construimos moral? Esa cuenta no me cierra. La escuela pública es una importante usina de valores." Así lo expresaron, a su tiempo, Carmen Tornaría y Javier Bonilla, del CODICEN. El valor de la educación Quienes reclaman de la educación más valores, no han explicitado, sin embargo, cuáles son esos valores. Perico Pérez Aguirre, quien por suerte multiplicó su vida entre pensar, hacer, decir y escribir, dejó la siguiente sugerencia: "Antes de optar por sistemas económicos o educativos tenemos que optar por sistemas de valores. Y preguntarnos de qué lado estamos; si con toda la eficiencia que permita la justicia (lo que implicaría irremediablemente aceptar cierta ineficiencia) o con toda la justicia que permita la eficiencia (justicia que tenderá irremediablemente a cero)" . Es una indicación metodológica, preñada de una apuesta ética, sobre la que sería interesante, en esta ocasión, conocer pronunciamientos; habida cuenta de la buena prensa que tiene, desde hace años, la eficiencia. A renglón seguido del planteo anterior, Perico concreta una importante propuesta para la valoración de la propia educación como acontecimiento social; dice: "La riqueza es circunscripta en términos de horas de instrucción"... "En tal sociedad los pobres son aquellos que se quedan rezagados detrás de otros, en cuanto a educación. El hombre rico, el capitalista del conocimiento, no puede tender un puente sobre la barranca que lo separa de Lázaro. Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que para un hombre, que atesora esta educación, rehacer su visión del mundo desde la perspectiva del hombre pobre". He ahí un interesante desafío para los animadores de ésta polémica: ¿qué mirada se propondrá sobre nuestra sociedad, desde "la" educación; y cómo se valorará el hecho educativo? ¿Educación para enfrentar la marginación, la exclusión y la discriminación, o para consolidarlas? Para los jerarcas de la ANEP el lugar de la escuela y el liceo no admite dudas: son constructores de ciudadanía democrática y factor de integración social. "Ése es el valor más importante transmitido en la práctica desde y en la escuela pública: el respeto por los diferentes y la convocatoria a que estén juntos, el de la igualdad de oportunidades, que no anula las diferencias sino que, en un acto de coraje democrático como pocos, decide trabajar con ellas. La escuela laica no anula convicciones ni creencias, las ayuda a construir sin fundamentalismos porque, sin optar por ninguna, las convoca a todas. No adopta una actitud neutral, es radicalmente positiva. Las quiere a todas conviviendo juntas, dejando para cada uno la posibilidad de elegir sin imposición. La elección de una no anula las demás, que incluso constituyen el marco para la elección inteligente, informada y responsable de referencia plural." Así lo expresó Carmen Tornaría. Aún contabilizando deudas importantes en materia de modernización y adecuación a las actuales condiciones socioculturles de la juventud , la educación laica, gratuita y obligatoria es paradigma del programa histórico e integrador de la sociedad uruguaya; es perfectible, pero no renunciable. Su lugar es central en la estructuración del Uruguay democrático y en la construcción de sus valores culturales. Los jóvenes, esos judíos. Aunque otras perspectivas resultan menos trasparentes, el foco del debate ilumina, por momentos, algunos recodos de pensamiento que permiten vislumbrar núcleos de ideas. Para el Ministro Mercader el sistema educativo debe asumir la responsabilidad del disciplinamiento de los jóvenes "Tras debatir sobre la laicidad en la educación, las autoridades acordaron cambiar programas para enfrentar los síntomas de "desintegración" en la sociedad uruguaya. Mercader señaló la drogadicción, el alcoholismo, la deserción escolar, y el abandono de los hábitos de lectura, como señales que hay que revisar el sistema educativo, dijeron los informantes." ..." Mercader, que habló de la "degradación" de los valores en la juventud, dijo además que se han formado "territorios apache" en Montevideo, comparables a chinatowns." . La referencia a los "territorios apaches" tal vez diga de la voluntad de combinar los "principios religiosos comunes a todas las creencias", con el Rémington; no se sabe. En todo caso, esta es la única pista que nos da el Ministro acerca de una aproximación "valorativa" a la diversidad. Probablemente nunca haya sido tan necesario, como en el presente, la promoción desde todos los niveles de acción cívica, de una matriz cultural de respeto e integración de las diversidades. Por ello es particularmente peligrosa la inflexión clasificadora y denigrante que comporta la imagen de las tribus apaches y el chinatown; es saludable tomar debida nota de ello. Pero incluso quien se manifiesta comprensivamente, y convoca a buscar el diálogo con los jóvenes y sus padres, lo hace desde una distancia indebida. Para el Director de ANEP, Javier Bonilla, "Los adolescentes transmiten una cultura "que nos resulta sorprendente, agresiva y extraña. ... pero eso no significa que los jóvenes sean delincuentes o anormales, sino simplemente jóvenes" . La cultura juvenil presenta facetas agresivas, pero no es extraña, sino propia y consecuente con el modelo de valores predominante. En todo caso, si inquieta, es porque dice de nosotros, lo que no queremos ver ni saber. EL sociólogo alemán Ulrich Beck dice que "La categoría de extraño, por tanto, representa una doble provocación: son de aquí pero no respetan los estereotipos que los de aquí han formado y cultivan de sí mismos.... Con su sola presencia... que no encaja en ninguna de las categorías establecidas, los extraños atacan la validez de diferencias y límites generalmente aceptados. El extraño es una prueba nítida de que "lo natural" del orden de los de aquí, es artificial, convencional." Entre nosotros, y en la misma dirección que Perico advertía sobre la mirada desde la que se proyecta la educación, la siquiatra y sicoanalista Maren Ulriksen, alerta, desde un artículo llamado Nuevas Fronteras acerca de: "... qué representación de lo humano organizamos desde nuestro lugar... situados a gran distancia económica y cultural de los "pobres"... ¿Podemos llamarlos "nuestros pobres", conciudadanos, y sentirnos alterados, indignados porque viven en esas condiciones, o se trata de "otros", a quiénes hemos desplazado más allá de una frontera interna que hemos creado en nuestra mente para no ver, no sentir, no pensar? " Ya que Presidente y Ministro han abierto el tema, interroguemos: ¿cuál es el lugar, imaginario y real, que tienen en la valoración desde la que el sistema educativo actuará, los pobres, los marginales, los niños y jóvenes, agresivos o apátcos, tempranamente traspasados de alcohol, sustancias tóxicas y violencias múltiples...? ¿También ellos forman parte del programa hacia el que se orienta la reclamada reconstrucción de los valores, o está pensado en la perspectiva de los jóvenes del sector ganador de la sociedad, que crecen en descontento e incertidumbre cuanto más ven aumentar los medios con que cuenta la sociedad sin distinguir el sentido de esta? La orientación, en esta materia, de algunos convidados de piedra en este debate, resulta trasparente. Robin de las Escuelas Libres a por la alcancía de Mangacha Mangacha, esa Laura Sánchez escolar, de cara sucia y desdentada, que en compañía de Imilce Viñas exhortaba desde la televisión a pagar el impuesto de primaria, peligra quedarse sin alcancía; y sin maestros. Algunos operadores han elegido este momento para replantear la reivindicación de la libre elección del modelo y calidad educativa para los padres; a costa de la libertad de los hijos, y del los fondos públicos. Me estoy refiriendo a ese planteo, solapado entre valores y laicidad, que ha dicho por estos días: la libertad de elección de los padres se consagra, si y sólo si, el estado subsidia la opción educativa que ellos hacen para sus hijos. Lo que, por cierto, no corresponde con la legalidad uruguaya. La libertad de elección que la Constitución consagra para los padres en su artículo 68, está limitada, como toda libertad, por la ley. En este caso la doctrina internacional expresada en la Convención de los Derechos del Niño, y recogida en la ley establece, en los Artículos 13.1., 14.1 y 14.2. que "El niño tendrá derecho a la libertad de expresión. Ese derecho incluirá la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o impresas, en forma artística o por cualquier otro medio elegido por el niño."; que "Los estados partes respetarán el derecho del niño a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión."; y que "Los Estados partes respetarán los derechos y deberes de los padres, y en su caso, de los representantes legales, de guiar al niño en el ejercicio de su derecho de modo conforme a la evolución de sus facultades." Libertad del niño para buscar, recibir y difundir; libertad de conciencia y de religión. Para el niño; no libertad de padre para imponer las suyas propias. Y esta libertad del niño, lejos de reposar en el subsidio del estado a la discrecionalidad del padre para elegir escuela, se garantiza en primer lugar, en las capacidades económicas y tutelares del estado sobre la calidad de la educación que se brinda en todo el territorio, a todos los niños, sin diferencias; o, como se ha procurado (con mayor o menor éxito durante los últimos años) dándole más a quién en el arranque cuenta con menos. Tanto el representante de los colegios privados ante la Comisión Coordinadora de la Enseñanza, Pedro Inicio, como el titular de la recién creada Fundación Escuelas Libres, Pablo Da Silveira, han ensayado diferentes ángulos de tiro, para incluir el tema en la agenda. La argumentación de Da Silveira se orienta a convencer de que el mercado es el mejor evaluador de los resultados escolares y, por lo tanto, a él debe confiarse la orientación de la inversión estatal en equipamientos y maestros: "Cuando el padre inscribe a su hijo en una escuela se lleva de algún modo la parte que le corresponde del total del dinero que el Estado está gastando en la enseñanza. Las escuelas siguen siendo públicas, los edificios siguen siendo propiedad del Estado... (pero) La subvención que finalmente va a recibir cada una de esas escuelas depende de la capacidad que hayan tenido de atraer alumnos." La doctrina y acción de la enseñanza pública se han orientado en sentido contrario a esta argumentación: a peores resultados escolares mayor esfuerzo e inversión. ha basa en la investigación de la correlación entre resultados educativos y realidad socioeconómica de los hogares, en la experiencia directa de maestros y directores, y en una orientación de responsabilidad democrática, no de mercado. La propuesta de Da Silveira, supone una redistribución de los recursos de carácter regresivo con relación a las actuales prioridades, premiando las escuelas con "buenos resultados" (buena prensa) y castigando a la que no los obtienen; sin importar la razón. Se tratará de una escuela tan ciega como la bolsa de valores. Los perdedores del Uruguay, lo serán más honda e irreversiblemente. Mangacha perderá libros y maestros. Como se ve, toda una revolución. Las voces ausentes Por eso no es posible terminar estos comentarios acerca de los valores que parecen haber entrado en juego en el debate abierto por el Presidente Batlle, sin manifestar un extrañamiento . A este severo e intenso intercambio de puntos de vista sobre un tema medular para el futuro de quienes por aquí habitamos, le están faltando voces que tradicionalmente han tenido mucho que decir: me refiero a los estudiantes y a la Universidad de la República. Notas 1. Búsqueda 19/04/01 2. CX14 El Espectador 19/04/01 3. Búsqueda, 19/04/01. 4. Búsqueda 29/03/01 y 19/04/01. 5. "Desnudo de seguridades" Trilce, 2001 6. Búsqueda, ed.cit. 7. El Comité de los Derechos del Niño, ha criticado severamente los Reglamentos de Disciplina, tanto de Primaria como de Secundaria 8. EL Observador, 19/04/01: 9. Idem anterior 10. "De Vecinos a Judíos", recogido en "La democracia y sus enemigos"; Editorial Paidós, 1995. 11. Brecha, 30/12/999. 12. Ley 16137 de setiembre de 1990. 13. Pablo Da Silveira; El Espectador 6/04/01